La protección que expresan los salmos no niega el peligro ni promete una vida sin dificultad. Le pone palabras al miedo y lo lleva ante Dios, a quien reconoce como escudo, refugio y compañía.
Puedes comenzar por el salmo que más se parezca a tu situación: sentirte rodeado, necesitar luz para decidir, atravesar un valle o pedir cuidado al salir de casa.