El Salmo 145 es una alabanza al Rey cuya grandeza no se puede medir. Repite palabras como generación, obras, bondad, reino y misericordia para ampliar la mirada más allá de una sola circunstancia.
La grandeza que celebra se muestra en acciones de cuidado: Dios sostiene al que cae, alimenta, escucha el clamor y está cerca de quien lo invoca con sinceridad.
Una duda frecuente
¿Es el Salmo 145 o el Salmo 144?
Es el mismo canto. La numeración hebrea lo presenta como Salmo 145; la tradición griega y latina lo numera como Salmo 144. Por eso algunas ediciones católicas muestran ambos números.
Puedes comprobar la doble numeración y leer una traducción católica contemporánea en la Biblia oficial del Vaticano.
Hazlo oración
Cómo rezar el Salmo 145
Nombra una obra de Dios que quieras contar a la siguiente generación.
Lee los versículos 8 y 9 y agradece su misericordia sobre toda la creación.
Presenta a quienes caen, pasan hambre o claman por ayuda.
Termina bendiciendo a Dios por una razón concreta de este día.
Oración inspirada en el Salmo 145
Cada día quiero bendecirte
Dios mío y Rey mío, quiero bendecirte cada día y contar tus obras de generación en generación. Eres clemente, misericordioso y bueno con todos. Sostén a quienes caen, levanta a los oprimidos, da alimento y escucha a quienes claman. Abre mi boca a la alabanza y haz de mi vida un testimonio sincero de tu bondad. Amén.
Preguntas sobre este salmo
¿Cuándo puedo rezarlo?
Para comenzar el día
La promesa “cada día te bendeciré” da una dirección sencilla a la mañana.
En una oración familiar
Invita a contar las obras de Dios de una generación a otra.
Para ampliar la gratitud
Une la experiencia personal con el cuidado de Dios sobre todas sus obras.
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Una tarjeta del Salmo 145
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